¿Pablo Escobar le compró la Copa Libertadores de 1989 a Nacional?

I. Qué andan diciendo

Pablo Escobar compró la Copa Libertadores de 1989 para Nacional.

Por ejemplo…

II. Dónde

A esta altura ya es un lugar común en círculos futboleros, reales y virtuales.

III. Qué se sabe a lo bien

No hay duda de la cercanía de Pablo Escobar con el fútbol. Gran parte de su estrategia política antes de ingresar a la clandestinidad se basó en la construcción de canchas de fútbol y en la instalación de iluminación nocturna a otras ya existentes. Tiempo después, cuando estuvo recluido en “La Catedral” futbolistas como René Higuita y Leonel Álvarez lo visitaron y, según relata su hijo Juan Pablo en “Mi padre”, era frecuente que ellos y otros jugadores del equipo verde disputaran partidos en la cancha del penal.

Visitantes ilustres en La Catedral. Foto: “The Memory of Pablo Escobar”, James Mollison, Chris Boot, Londres, 2007.

Su lugarteniente John Jairo Velásquez, “Popeye” ha relatado también anécdotas que muestran a Escobar escuchando transmisiones radiales a través de un radio transistor incluso en momentos críticos de la persecución de la que fue objeto por parte de la Fuerza Pública.

Es cierto que uno de los principales accionistas del equipo verde desde los años sesenta hasta la década del 80, Hernán Botero, fue el primer extraditado de Colombia hacia Estados Unidos. Aunque este siempre alegó su inocencia, al punto que al regresar al país tras purgar una condena de 17 años demandó a la nación. Sus cargos fueron por lavado de activos, no por narcotráfico.

Benefactor.

Después de Botero el club pasó a manos de Hernán Mesa y, posteriormente, del señalado narcotraficante  Octavio Piedrahíta, como lo documenta el libro “Los jinetes de la cocaína” del periodista Fabio Castillo. Esto último fue desmentido en su momento por el entonces presidente de la institución y luego alcalde de Medellín, Sergio Naranjo.

De esa época también se menciona como accionista a Víctor Taborda quien, según este informe, fue señalado años después, en 2001, como miembro de la “nueva generación de la mafia” por parte de la Policía. Taborda fue, según varias fuentes, quien hizo el negocio de la venta del Nacional a la Organización Ardila Lülle.

En ningún momento, y esto está claro, apareció Escobar Gaviria entre los accionistas del cuadro verde, como sí ocurrió con Gonzalo Rodríguez Gacha en Millonarios y Miguel Rodríguez Orejuela en el América, entre muchos otros narcotraficantes que fueron dueños de equipos de fútbol.

En su biografía de 1989, Francisco Maturana, entonces técnico de Atlético Nacional fue categórico: “Pablo Escobar no apuesta en el fútbol, ni le ha metido plata al Nacional. Es hincha furibundo, pero del Medellín”.

Ahora bien, el desempeño del árbitro chileno Hernán Silva en el partido de vuelta de la serie de cuartos de final entre este equipo y Millonarios fue objeto de todo tipo de cuestionamientos al omitir este el sancionar por lo menos dos jugadas que le habrían dado al equipo bogotano igual número de cobros desde el punto penal. Una de ellas incluyó un ademán inicial de Silva por decretar la falta para posteriormente escupir el silbato y variar su intención al recogerlo.

Un año después, un informe del árbitro uruguayo Juan Daniel Cardelino quien dirigió el partido por la Supercopa entre Nacional y Vasco da Gama dio cuenta de amenazas a la terna arbitral. La Conmebol decidió repetir el partido y sancionar a Colombia con dos años sin poder celebrar partidos internacionales en su suelo. De las denuncias de Cardelino nunca se conocieron las pruebas.

IV. Entonces, ¿al fin qué?

No hay evidencia concreta de que Escobar haya sido dueño del Atlético Nacional a finales de los 80, en particular en 1989 que es cuando el equipo obtiene su primera Copa Libertadores de América.

Tampoco hay testimonio alguno que apunte a Escobar intentado influir indebidamente en el desarrollo de ese torneo o en la actuación de los árbitros.

Lo anterior no excluye que, dada su probada cercanía con jugadores del equipo, hubiese podido ofrecer incentivos, pero de esto último tampoco hay prueba alguna. Indicios tampoco existen de que quienes figuraban en los libros como propietarios del club fuesen sus testaferros.